"Que yo soy un poeta y mi vida una letra que escribo en hojas en blanco" Robe en 'Del tiempo perdido'.

"NUNCA TE ENAMORES DE UN MALDITO"

PROPORCIONES ÁUREAS DE LA BIPOLARIDAD.

SONRIE COMO HACEN LOS VALIENTES.

viernes, 28 de junio de 2013

Me perdí en mi isla y ahora recuerdo un nuevo sentir,  las olas empujan mi viaje,  miles de cosas por descubrir.
Vuelvo a temer el amanecer. Y solo tengo ganas de tener la luna a mi vera. Soy un alma errante que decidió crear su destino.
Miles de recuerdos pasan por mi mente y un ente pequeño, mercuriar me hizo aminorar el paso,  fijarme en la belleza de los primeros pasos,  en detenerme en la casualidad, ahora veo todo más despacio, una lenta verdad en la que volver acreer.
Este verano aprenderé a volar.

viernes, 14 de junio de 2013




Que rápido vivimos los humanos cuando nos damos cuenta lo poco que necesitamos para ser felices, que bien vive aquel que es escuchado desde lo mas profundo de su ser…

Idas y venidas de un palindormo,
de un surco en la arena que no deja explicación
¿Donde está el viento?
ninguna respuesta es valida para la perdida del corazón
salvo la propia cura del alma, si la tenemos....
¿Recuerdas? palindormo, desautomatización, nexo corticoidal,
soy un ciclotimico reconstruyendo los vasos rotos
de un planeta que se aproxima hacia nosotros

¿Lo ves? granos de ceniza y cuero
manchan las lúgubres sepulturas
¡Melancolía pasara de largo!, no se estrellará,
científicos que van de sabios,
sabios que creen ser científicos
y al final.

Luz. 

"You have to be an artist and a madman, a creature of infinite melancholy, with a bubble of hot poison in your loins and a super-voluptuous flame permanently aglow in your subtle spine [...], in order to discern at once, by ineffable signs—the slightly feline outline of a cheekbone, the slenderness of a downy limb, and other indices which despair and shame and tears of tenderness forbid me to tabulate—the little deadly demon among the wholesome children; she stands unrecognized by them and unconscious herself of her fantastic power. "


martes, 11 de junio de 2013


Dos sombras tumbadas sobre la acera , una pequeña cálida brisa de viento sigue anunciando el verano, y un silencio infinito solo deja escapar el ruido de algún gato.
El la coge de improvisto,  como siempre.
La coge de la mano y la levanta apuntando hacia arriba.


-¿Ves allí en lo alto del cielo, junto a aquella nube con forma de elefante esa  estrella que brilla tanto?

- Sí.

Ella asiente, y cuando el baja la mano ella la mantiene,  sabe que no quiere perder aquel instante,  siempre le gustó el tacto de la mano de aquel muchacho.

-Pues en los días en los que siento que me faltas o necesito aclarar mi cabeza, comienzo a mover los brazos y vuelo hasta allí.

La sonrisa de el,  inevitable.

- Idiota,  eso es imposible tu no puedes volar.

-Pues te digo que no solo eso,  sino que también me siento en una piedra y desde allí me paso los años  muertos mirando tus ojos.

Se ruboriza,  ese cosquilleo otra vez,  tiene tantas cosas que decir y sin embargo tanto miedo.  Se fija de reojo en el, y sigue con la mirada el contorno de su sonrisa,  no quiere que eso termine.

- Tonto,  eso no puede ser verdad, tu vista no alcanza desde tan lejos y no eres tan viejo.

De golpe el se coloca encima de ella,  dejando a pocos centímetros su labios,  el espacio justo para que sus almas no se mezclen, la mirada fija en sus ojos. El le coloca la mano en el corazón, sus latidos van apresurados. Justo cuando ella se predispone para regalarle un beso, el cambia el itinerario hasta su cuello y le susurra:

-¿Y en que momento te dije que te miraba con los ojos y que vivía con un reloj?

sábado, 8 de junio de 2013

Érase una vez, en un lugar lejano donde la lluvia cae hacia abajo y los pájaros planean, un príncipe que gobernaba a todos por igual. Él era justo y obediente a las reglas en los juicios, era comprensivo y raramente se condenaba a alguien a la horca. Una de las cosas que hacían tan dichoso y justo a este príncipe era su forma de expresarse. Al no conocer dolor y tristeza alguna en la vida, cada palabra que decía era sincera y no estaba manipulada. El príncipe podía hablar de amor y sentirlo, podía describirles a los súbditos cómo era la lluvia y hacer que todos se sintieran empapados. En una ocasión en la que en sus manos portaba un bebé abandonado, tan lisa y pura fue su palabra que el propio infante habló ante más de cien personas diciendo quién lo había abandonado. Creedme estas palabras, pues son veraces en todo su contexto y os puedo asegurar que yo mismo lo vi  hacer llorar a un paralítico al recordarle cómo era el caminar.

Su tío, al observar que el príncipe al ser rey sería tan justo que las guerras y la posibilidad de expandir el reino desaparecerían, convocó a los brujos más malvados y peligrosos del reino en una reunión secreta. A cada brujo le preguntó cuál sería la maldición que más daño haría al príncipe. Unos contestaron que dejarlo mudo sería buena opción, pero se dio cuenta de que el príncipe podría hacer las cosas por escrito; otros, que lo mejor era dormirlo por cien años. Su tío en cólera vio que eso estaba muy gastado. Entre los brujos se hallaba escondida una joven hechicera de rubia melena y zapatos rojos. Ella se adelantó de entre los demás y con voz suave propuso una idea mortal.
Una maldición consistente en que el príncipe no pudiera expresar sus verdaderos sentimientos bajo ninguna forma oral, escrita o artística. Sólo podría expresar ideas cercanas.

Así fue cómo en la celebración del banquete por el regreso de su padre del tratado de paz con el reino vecino, esta hechicera salió a escena para aparentemente entretener a la nobleza. En un descuido de los guardas, se apareció ante el príncipe y jurado ahora que no he visto mirada más maligna ni sonrisa más benévola. Mordió la comisura de los labios al príncipe inyectándole la maldición. A los pocos minutos, empezó a reprochar sonriente que la fiesta no le gustaba, que el vino no era de su agrado y su indiferencia a cuanta gente había dejado su hogar para que la paz con el otro reino hubiera podido firmarse. Inmediatamente, los nobles y a la corte empezaron a irse malhumorados. La gente exclamaba: “¡Cuán mentiroso e hiriente es en verdad el príncipe!¡Era un príncipe justo, capaz de hacernos sentir bien, y ahora es sólo el barro que ensucia nuestros zapatos!”.

Conforme fue pasando el tiempo, el príncipe se dio cuenta de lo que le ocurría. Incluso intentó escribirlo, pero todo eran sentimientos que él ya conocía. Era incapaz de crear y vivir unos nuevos: ya no podía actuar de corazón. Esto al príncipe le entristecía mucho, aunque era extraño verlo triste a la par que sonriente. Su padre, el rey, al investigar y dar con el culpable de semejante maldición, encerró a su hermano en una prisión oculta en las profundidades del castillo, bajo siete cerrojos de dos llaves cada uno. Os puedo prometer que nunca oí semejantes gritos ante una tortura, pues el rey quería demasiado a su hijo y el tío odiaba demasiado a ambos. Finalmente, el hermano del rey accedió a confesar el funcionamiento de la maldición: sólo se desharía si entre la hechicera y el príncipe se creaba un amor puro.

El rey entristeció aún más, ya que veía absurdo el permitir que una asesina y hechicera se enamorase de su hijo. El rey se encerró durante diez días y once noches en su habitación para pensar una solución, y el último día, cuando los consejeros pensaban que este nunca saldría de sus aposentos, apareció por el salón real, e hizo que llamaran a los 3 grandes sabios de las montañas nevadas. Al llegar estos, se les planteó la situación, y se les pidió una pócima tan poderosa que hiciera olvidar a ambos, joven y hechicera, su pasado.
Así fue como los soldados capturaron a la hechicera, en tal batalla que mis prendas fueron todas quemadas por sus artilugios místicos. Se les llevó a los dos jóvenes a lo alto de la torre y desde allí a la habitación que se había construido sobre una nube, se les encerró y se les obligo a beber la poción.

Las peleas entre ellos al principio fueron frecuentes. Ella no entendía cómo alguien de corazón noble podía ser tan contradictorio. En ocasiones, las voces se llegaban a escuchar en el castillo, ¡E incluso espantaban a las aves! Durante varios días y noches se siguieron tirando libros a la cabeza, hablando de cosas superficiales y pensando en cuándo saldrían de allí. Él en ocasiones se acercaba a ella con serenidad y templanza, conseguía tratarla como quien doma un corcel bajo el cálido viento del invierno, por lo que en el momento que el príncipe intentaba exponer sus sentimientos falsas emociones y gestos contrarios salían de sus labios, llegó un momento en el que ella intentó comprenderlo de verdad, se sentó junto a el y lo miró fijamente. “La verdad es que sus ojos azules y su tez clara no son tan feos como pensé”, dijo para sí. La joven posó su mano sobre la cara del joven y comprobó que estaba húmeda y que esa humedad provenía de lágrimas de sus ojos. ¿Cómo podía llorar si su cara reflejaba alegría?, se preguntaba ella. Siguió fijándose en él y vio que le era familiar, como si en el pasado se hubieran visto. La verdad, visto de cerca era una persona calida. Siguió pasando el tiempo en aquella habitación y poco a poco empezó a comprender al joven, a entender lo que de verdad sentía sin necesidad de que él lo dijera. Eso sí  que le parecía magia. Ya no eran tan necesarias las palabras. Sabía que aunque él dijera que no le importaba matarse antes que acercarse a la chimenea junto a ella, en realidad él lo deseaba más que los dos, así que el príncipe empezó a estar más alegre. Por fin había encontrado a alguien capaz de entenderlo. Ni siquiera los súbditos que habían pasado casi toda su vida junto a él lo habían conseguido: nadie salvo ella comprendía aquella maldición.
Cierto día de lluvia él siempre dijo que la lluvia era importante para que hubiera buenas cosechas, los animales tuvieran donde beber y el río y la laguna estuvieran llenos, pero también porque en los días de lluvia el príncipe era cuando más indiferente se mostraba hacia la princesa- de hecho, incluso no le dirigía la palabra en todo el día, si ella se acercaba, él la rehuía, hasta que comprendió que tenia que acercarse a él silenciosamente para que la maldición no se activara. Y así el príncipe y la joven ya no sólo se entendían, sino que empezaron a pasar más tiempo juntos. La última tarde antes del solsticio de verano, los dos estaban apoyados en el balcón. El príncipe, medio a regañadientes, finalmente había estado leyéndole un libro que ella había escogido. De repente, un fuerte viento golpeó a la muchacha, y ésta quedó colgando de la barandilla del balcón. El príncipe inmediatamente empezó a alejarse, ya que su deseo interno era salvarla fuese como fuese. Ella gritaba asustada, pidiéndole ayuda pero él cada vez se acercaba más al interior de la habitación. Al final, cuando a ella casi no le quedaban fuerzas, él comprendió que mostrando otro sentimiento podría controlar lo que quería expresar y salvarla, cogió el abrecartas del escritorio y empezó a clavárselo en el estómago para así sentir dolor y que su cuerpo pudiera reaccionar.  Ensangrentado y casi sin aliento, consiguió llegar hasta el balcón y en el último momento agarrar su mano. “Clávame bien las uñas, porque sólo así podré sostenerte “, le pidió el príncipe medio sollozando. En ese momento, el rey y algunos soldados entraron en la habitación, ya que desde abajo algunos estaban siendo conscientes de lo ocurrido. El joven, al tirar de ella consiguió levantarla y abalanzarla en sus brazos. Inmediatamente, él estaba en el suelo y ella sobre su pecho, con el blanco vestido impregnado de sangre. Él se estaba muriendo y ella solo podía mirarlo. Ante tal expectativa, el rey estaba rugiendo de dolor y agonía al contemplar cómo Caronte pronto se llevaría a su hijo. Pero en ese instante para los dos jóvenes el tiempo se paró. Sus miradas estaban tan fijamente mirando las de uno con el otro, que por primera vez en sus vidas y creedme que nunca he sentido yo cosa así, vieron su alma reflejada uno en el otro. Él, inconscientemente y contradiciendo a la propia maldición, le fue susurrando el te quiero más bello que posiblemente se haya escuchado en la faz de la tierra, a la par que su alma se marchaba hacia los campos Elíseos.
 Ella no se rindió, a pesar de que los soldados la empezaron a apartar del cadáver allí yacente. Se deshizo de ellos y volvió junto al cuerpo del joven, lo golpeó una y otra vez. Los truenos parecían poner música a tan cruel momento, y ella ya agotada se rindió junto a su cuerpo, uniendo sus labios a los del muchacho y os puedo jurar que aquel momento fue muy veraz, pues mis propios ojos junto a los demás soldados y el propio rey lo vieron, vieron como la sangre empezó a recogerse en sí misma y volver al lugar por donde había brotado, y cómo el cuerpo del joven empezó a sonar de nuevo, cómo abrió los ojos lentamente y volvió a ver el mundo tal como era.
-         Pues tú me has salvado de tal maldición horrible- comenzó a decir el príncipe- Conforme pasaba el tiempo deseaba acercarme a ti y me era frustrante que el sentir y el hacer fueran diferentes y no poder remediarlo. -  - Yo no he roto nada- respondió la princesa- Has sido tú, sacrificando tu propia vida por salvarme, revelando tu propia identidad, haciendo caso omiso a las consecuencias que dictaba tu cordura y corazón. Por primera vez veo en tu ojos, príncipe, que ya no tienes miedo.
Se fundieron en un beso.

El rey, atónito a los acontecimientos, decidió celebrar la boda y el banquete más grande que se hubiera dado en un reino. Dicen que tal fue la magnitud de la boda, que se estuvo comiendo y bebiendo durante varios meses, que de ella se ha hablado durante años y que durante ese tiempo el hermano del rey comió de las sobras.

miércoles, 5 de junio de 2013

 Je vous montre le chemin.



Y me dejas sin habla
cada vez que el brillo de labios cae en ti.
No puedo repetir esta parte de mi vida,
nadie sabe de donde viniste y de donde aparecí yo,
Pero algo queda en el aire, todo tiene un porque,
relajas la expresión y vuelves a sonreír con melancolía
y con la expresión de llevar una carga injusta.

Tomo tu mano de suave piel y me acerco a besarte,
levemente tus ojos sueltan lagrimas al aire
y me miras intentando que comprenda todo tu mundo,
un sendero caótico al donde no quieres ir.

Nos disponemos a volar
a un lugar donde no exista lo social,
donde no haya almas que controlen esto,
donde tus cabellos sean libres de sus caprichos
y yo quien decida cuando negarlos.

Las brumas se extienden sobre ti
y te refugias cabizbaja bajo mi ala,
sigues mirando al infinito de mi alma,
tocando la lluvia de madrugada,
susurrando que quieres seguir leyendo esta historia.

Ya no eres Lolita, ya no eres una niña,
eres Alicia buscando un sendero
que le obligue a descubrirse
y entiendo que tengas miedo,
que dudes de mi mano,
que no sepas si eres Capricornio o un gemelo más,
que intentes evitar la confrontación de dos labios
golpeantes con destino a la cárcel
por falta de libertad.

En este ultimo hueco,
donde todo es posible
vamos dejando restos
de un miedo intenso
en nuestra alma desierta.
El sol se halla en lo alto. En la urbanización el ambiente esta reseco y se pueden observar parejas de tórtolas ir de un lado a otro como si siguieran el sonido de los gatitos que se esconden en los arbustos cercanos a la calle principal. Un hunday coupe plateado con el morro rasgado se acerca silenciosamente hacia la parcela numero 91, en el solo se pueden ver las sombras de una mujer rubia con un vestido oscuro y en la parte trasera un chico de unos 15 años. El coche se detiene y al abrirse las puertas el aire acondicionado escapa apresuradamente para reunirse con el calor. La delgada mujer recoge del estrecho maletero del coche una maleta plateada y una mochila estudiantil con adornos de calaveras grises, las coloca en frente de la puerta y acto seguido ajusta la camisa del muchacho, le da un beso en la mejilla y borra el rastro de carmín. El chico mira hacia abajo como presintiendo que algo va a cambiar en el momento que su madre toque ese timbre. El sabe que esta apunto de terminar una etapa de su vida y que va a comenzar otra. La madre del chico mira la escena, se recoloca las gafas de sol y toma aire para después tocar el timbre.

Ding dong- suena una vez – ding dong – esta vez el sonido del timbre termina con la musicalidad del paisaje, ya no se pueden oír con la misma nitidez los sonidos de las tórtolas que están en lo alto del tejado vecino. Justo cuando la mujer del vestido negro se prepara para tocar una tercera vez la puerta negra y metálica se abre chirriante dejando ver a un hombre de un metro sesenta y cinco con boina y pantalones por encima de la cintura. La expresión del viejo es seria, raída como si supiera a que se debe la ruptura con su inquebrantable soledad. El les deja pasar y en silencio la madre y el hijo siguen al viejo hasta el porche. El niño mira a su alrededor perplejo, el pequeño cortijo tiene un jardín con rosas rojas dos palmeras y un extenso césped que termina con un gran laurel, justo en frente del laurel varias plantas de hierba buena, menta y romero semi esconden una estatua de perro labrada en piedra y en el centro de esa composición algo que atrae la atención del chico, una piscina  con el agua verdosa y pequeños renacuajos surcando la superficie.
En el porche el viejo se sienta en lo que parece ser su butaca, una antigua silla giratoria de escritorio con un cojín rojo algo descolorido. Después con un gesto de la mano pide a su hija y a su nieto que se sienten. El silencio se nota incomodo aunque parece que fuera música para el anciano.
-Papá te tienes que quedar con Antonio durante un tiempo – dijo la mujer con la voz algo agitada – no tengo a quien dejárselo mientras voy a Madrid a preparar... .
María colocó las manos sobre las orejas de Antonio.
- los papeles del divorcio – María miró a su hijo como si sus palabras fueran a provocar algún desorden en su silencioso hijo.
El abuelo tensó mas su rostro, se levantó, miro a los dos y dio un golpe en la mesa.
- La ultima vez que vinisteis a visitarme fue para decirme que era abuelo de esa criatura y en 15 años solo habéis sido capaces de mandar felicitaciones por correo- tomó de la chimenea que tenia a su lado los restos de una tarjeta de felicitación.
- Sirven muy bien para prender la chimenea en invierno, ¡pero para nada más!.
Su hija se levantó y se fue acercando a la salida.
-Papá lo siento pero tienes que quedarte con el, no tengo otra forma. - agarró el bolso con la mano y se retiro aún más. - Antonio no te preocupes que vendré pronto.
-¡Eso abandona a tu hijo! ¡Vete igual que has venido, sin saber de mi y dejándome a cargo de tus responsabilidades!.

El viejo parecía temblar de la ira al contemplar como su hija salia por la puerta en dirección al coche. Tras el ruido de un motor marcharse el silencio apareció de nuevo. Enrique miró a su nieto que permanecía inmóvil en la silla.
- Qué, ¿Tu ni te mueves, ni hablas, ni respiras?.
El niño que había tenido la mirada recta hasta el momento pareció recobrar la vida para mirar al viejo. Antonio se puso en pie y con cuidado se colocó en frente de su abuelo. Los dos se quedaron perplejos al ver que median casi lo mismo.
Enrique se dio media vuelta y empezó a caminar hacia el interior de la casa.
-Antonio sígueme que seguro que estarás enmallado de hambre.
Antonio se adentro en el sombrío pasillo que se aguardaba detrás de la cortina de la entrada y comenzó a fijarse en la cantidad de libros que decoraban las estanterías de las paredes. En ellos podían leerse títulos clásicos y también libros del momento así como viejas colecciones de periódicos y alguna que otra enciclopedia. Antonio se fijo en una polvorienta y dorada edición del Quijote, lentamente se acerco a cogerla.
-         !Alto¡ – mando el viejo – con hambre los libros no se tocan.


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