"Que yo soy un poeta y mi vida una letra que escribo en hojas en blanco" Robe en 'Del tiempo perdido'.

"NUNCA TE ENAMORES DE UN MALDITO"

PROPORCIONES ÁUREAS DE LA BIPOLARIDAD.

SONRIE COMO HACEN LOS VALIENTES.

sábado, 28 de diciembre de 2013


Caen las primeras gotas. T se echa hacia atrás para resguardarse, se apoya contra la pared de la calle, mientras espera a que alguien salga del portal de al lado. La lluvia comienza a apretar.
T se ajusta la capucha, suelta algo de vaho. Siempre le gustó el frío. El tiene la teoría de que en algún momento algo importante le ocurrió un día de mucho frío. Es curioso ya que muy en sus adentros es un ser caliente. T saca del bolsillo un paquete de Lucky strike y saca de el un cigarro, se lo coloca en los labios y lo enciende. La primera calada siempre es la mejor, piensa. Se pregunta como la lluvia produce un halo melancólico en los humanos, y más si lo acompañas del frío y de una tarde gris. Cuando llueve T siempre se acuerda de aquel día, no de un día cualquiera, si no de ese día. Pero ya han pasado muchos años, tantos que ni siquiera llueve de verdad dentro de el.
Son las 6:30. T vuelve a mirar el reloj de pulsera. Ella llega tarde, piensa, mientras mira de reojo el portal. Tira el final del cigarro al suelo, lo pisa con la punta de la bota y murmura "siempre llega tarde".
A T no le gusta que le hagan esperar, y menos después de tanto tiempo.
Vuelve a mirar de reojo hacia el portal, nada.
T se acerca al portal, es el numero trece de cualquier calle maldita. Es una tardona, piensa para sí mismo.
De pronto unas suaves manos le tapan los ojos. Un ligero perfume, de alguna marca conocida, le inunda los sentidos, tal  vez muy en su interior extrañaba aquel olor. El perfume se mezcla con un intenso olor a crema de manos.

- ¿Quien soy?- Pregunta una voz presuntuosa. Ella deja escapar una pequeña risa.

- La retrasada "number one" - responde T. T se gira rápidamente y la atrapa entre sus brazos.

El siempre tiene esa sonrisa de niño malo que no ha roto un plato.

- Eres un payaso- le grita ella a T mientras intenta en vano deshacerse de sus brazos.

Por primera vez en mucho tiempo se quedan en silencio, han pasado muchos meses, muchas meteduras de pata por medio, muchas historias largas que contar, han faltado muchos besos. Se miran a los ojos.
A T siempre le gusto el toque avellana de los ojos de ella, son unos ojos embaucadores. Es como si siempre ocultaran algo. Son los típicos ojos que cambian de color cuando se ponen tristes, cuando recuerdan el pasado, cuando alguien se lleva un trozo de sus almas.

Para ellos se ha parado el tiempo, echaban de menos sus temperaturas corporales. Ella se acerca más hacia el, total, piensa, ya que está atrapada.
T es algo más alto y a ella le gusta, puede echarse sobre su pecho y descansar en el. El pecho de T es duro, caliente como la brisa que desprenden los radiadores, y siempre con una mezcla de olor a colonia y tabaco. Lo que más le gusta de ese momento es que puede hacerlo eterno, es un lugar seguro, es un lugar donde huir, donde escapar del miedo, de las prisas, de los relojes que apresuran al tiempo con sus segunderos. Es tan de humanos el tiempo.

T la separa lentamente, le coloca la mano en la barbilla y la obliga a levantar la mirada hasta sus verdes ojos.
Esa sonrisa, como si tramara algo. le pone nerviosa.

Se acerca lentamente y la besa. Ella siempre se siente extraña, a veces le da miedo. T nunca expresa con claridad nada de lo que siente, tiene su particular forma de ver el mundo y eso, a ella, la desconcierta. Quiere estar segura, pero le da miedo el frío que el guarda. Siempre se pregunta qué le ocurrió para ser así, para ser tan calefactor a veces, tan gélido mármol otras.

T la coge de la mano, aprieta con la fuerza justa, y comienza a tirar lentamente de ella calle abajo.

- ¿A donde vamos?

- A ningún lugar- dice el.

Ella sabe que es mentira, le apasiona ese misterio. T siempre tiene cosas que enseñar, cosas con las que sorprender.La lluvia hace rato que cesó pero ellos, silenciosas almas, no se han dado cuenta. Nunca se dan cuenta de nada.


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