"Que yo soy un poeta y mi vida una letra que escribo en hojas en blanco" Robe en 'Del tiempo perdido'.

"NUNCA TE ENAMORES DE UN MALDITO"

PROPORCIONES ÁUREAS DE LA BIPOLARIDAD.

SONRIE COMO HACEN LOS VALIENTES.

jueves, 21 de junio de 2012




Yo también soy un Axolotl contemplando la gran pecera de la empatía angustiosa que nos dibuja Cortázar. Julio Cortázar a pesar de nacer en Bruselas y pasar casi toda su vida en Paris estuvo muchos años viviendo en Argentina y en España, pero Cortázar no es un Axolotl, no es un hombre que se haya quedado en estado larvario sino que ha supuesto con sus obras una revolución en el surrealismo literario, con leer “Rayuela” o “62 Modelo para amar” queda demostrado. Sin embargo sus primeros experimentos se manifiestan en sus relatos y compilaciones de cuentos en los que con agudeza y grandes dosis de conocimiento se adentra en la mezcla de estilos narratorios, cambios de voces y visiones desde puntos insospechados.
El Axolotl es un mamífero autóctono de la región de México D.F que también puede encontrarse en pequeñas regiones de África, solo mediante productos químicos y cambios en su habitát es posible que este ser realice una metamorfosis que lo cambie de su estado larvario. Lo que nos interesa del Axolotl aparte de su eterno estado larvario es su forma de vivir, sus costumbres, esta es la característica clave para comprender la personalidad de la voz autorial predominante en el texto ya que el axolotl es un animal que siempre suele estar quieto y sus movimientos son torpes así como el hecho de que no es recomendable que esté junto a otros axolotl, ya que es un anfibio solitario que tiende al canibalismo.
El argumento que nos presenta Cortázar es sencillo, un hombre que visita diariamente el “Jardín des Plantes” se obsesiona tanto con los axolotl del acuario que acaba perdiendo su integridad hasta transmutarse con el axolotl, todo ello contado con una visión en primera persona, el “yo testigo” de Cortázar es un hombre moderno que vive en Paris, es el año 1956 aproximadamente. Leyendo el relato observamos que es un hombre solitario, ensimismado, que busca en su propia soledad la forma de escapar de la realidad material y el fracaso social. Este yo que vemos es muy semejante al Axolotl, ya hemos mencionado que estos anfibios suelen estar solos, inmóviles, con una mirada perdida por lo que no es de extrañar que este hombre se vea reflejado hasta el
punto de ver su propia identidad, en un análisis más psicológico podríamos determinar que el cristal es la representación del temor, es una barrera entre la libertad y la negación social o tal vez la barrera entre la razón y el instinto primigenio.
El “yo testigo” advierte que el Axolotl tiene alma y que algo les une, los dos necesitan comunicarse y esto los atrae hacia una fusión, estamos ante un hombre que busca su identidad en lo profundo del alma ya que según el texto «Desde un primer momento comprendí que estábamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin embargo uniéndonos», esto en el contexto es relacionable con la idea de Carl Gustav Jung, figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis: << el animal representa la psique no humana, lo infrahumano instintivo, así como el lado psíquico inconsciente. La primitividad del animal indica lo profundidad del estrato. La multiplicidad, como en todos los casos, empeora y primitiviza aún más el símbolo. La identificación con animales significa una integración del inconsciente y, a veces, como la inmersión en las aguas primordiales, un baño de renovación en las fuentes de la vida>>. Así finalmente vemos como la bestialización del protagonista y la humanización del anfibio rompen y mezclan las dos realidades.
Suponiendo que el protagonista de esta historia fuera el propio Cortázar podríamos estar ante la evolución del sentimiento del yo, algo muy en la línea del surrealismo ya que el protagonista se siente distinto al hombre mexicano por verse como un argentino modernizado que se ve en Paris, así al pasar a ser un Axolotl se ve como un ser curioso al que se le revela un mundo nuevo ante un cristal brindándole al Axolotl una conciencia por encima del hombre medio. Y es que el Axolotl con esa X que nos remite a México al igual que algunas líneas del relato “…Que eran mexicanos lo sabía ya por ellos mismos” y la evocación a la cultura azteca “…Detrás de esas caras aztecas”, El mundo azteca como los axolotl son entes olvidados, por ello sus caras se asemejan a la piedra y a las ruinas. Relativo a la visión final de la transmigración se ve como a lo largo del relato la visión del protagonista hacia el Axolotl pasa de ser lúdica a ser obsesiva dando
lugar a un narrador con dos estados: el de hombre y el de Axolotl sin perder nunca la condición de narrador viendo el lector explicito como hombre piensa en el anfibio y como anfibio piensa en el hombre y en su encierro como tormento para tu psique al tener que observa cada vez con menos regularidad al hombre que fue antes viendo así el sufrimiento de ver un mayor distanciamiento con su forma humana. Con un análisis mas profundo de las 139 líneas totales que componen el relato observamos que Cortázar durante el relato juega con la personificación y la animalización, con la sinestesia al jugar con el oro que recordamos es un evocador de la cultura azteca que Carpentier define como que lo real maravilloso (idea del acuario solitario con un misterioso Axolotl de ojos dorados) es patrimonio hispanoamericano, es un símil del realismo mítico incorporado a la realidad cotidiana del autor hispanoamericano. También vemos abundancia de epítetos pues el texto es muy descriptivo por lo que es abundante encontrar síntomas de la inmovilidad, inexpresividad del anfibio así como la calificación del propio acuario como un lugar “mezquino y angosto” siendo el autor una especie de salvador que por empatía, por medio de la obsesión acaba siendo uno de ellos. No queda duda todo el relato es en sí una pecera en la que vemos a un autor en primera persona que inmóvil fija su mirada en nosotros, el lector haciéndonos participes en la única posibilidad de darle golpecitos al cristal a escondidas del guarda para comprobar si el Axolotl se mueve. Tras esto decir que yo también soy un Axolotl y cualquiera que lea el relato acabara en esa angosta pecera esperando a su particular yo.

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